Me sumerjo en el verano para empaparme de él, hasta que los días sean cortos de nuevo.
SALUD
domingo, 22 de mayo de 2011
martes, 10 de mayo de 2011
Reflejo
Según iba caminandopor los adoquines llenos
de charcos, mi reflejo
adoptaba las formas
más inverosímiles.
Las ondas que mis pies creaban en el agua distorsionaban la imagen, que a cada paso se envolvía sobre si misma, desvelando expresiones
y fijándolas de inmediato.
Según iba caminando
las imágenes creadas por
las ondas, quedaban atrapadas en el interior del charco donde se habían creado, dejándome una extraña
sensación de ligereza de lo más gratificante.
En el último charco que me encontré, ya no se veía mi reflejo, las ondas
se movían con toda libertad desde el centro a los extremos.
domingo, 8 de mayo de 2011
La altura de las circunstancias
Protagonístas:
- El administrador: Hombre de avanzada edad, con gran paciencia y dotado de un indudable don de gentes, amigo del diálogo, que no escatima esfuerzos a la hora de llegar a acuerdos positivos para todos.
-La hija: Mujer de mediana edad y carácter tranquilo, con gran capacidad para amoldarse a las circunstancias.
-La vecina: Mujer madura y ruda, con escasa capacidad para el diálogo y un rico vocabulario soez, que no duda en emplear en todo momento.
Prólogo:
Años de ardua labor, en las que el administrador hace funciones de presidente conciliador de la pequeña comunidad de vecinos, llevan a un estado de frustración al paciente hombre, incapaz de hacer razonar a la vecina del 1º. Encontrándose en situaciones propias de un guión de Almodovar, cada vez que tiene que tratar con dicha vecina, su delicado corazón sufre las consecuencias.
Primer acto:
La llegada a casa de su padre al borde del colapso, pone en pie de guerra a la hija de este, que, aunque tranquila, goza de una mala leche excepcional. Decidida a acabar con el atropello al que su padre se ve sometido a causa de la viperina lengua de la vecina del 1º, pide a su progenitor que le explique el tema a tratar para hacerse cargo de él. Dudando de que lo consiga, el hombre le cuenta que se trata de una factura, de las muchas que debe la susodicha, que se tiene que abonar a los operarios que hicieron el arreglo y que esta se niega a pagar.
Segundo acto:
Factura en mano, la hija, llama a la puerta de la vecina del 1º. Como no puede ser de otra manera, esta abre haciendo gala de su inagotable verborrea y su capacidad para comunicarse mediante el grito. Sin despeinarse siquiera, la hija avanza dos pasos, se sitúa cara con cara con la acalorada vecina y comienza ha dirigirse a ella en el mismo tono y vocabulario que esta, haciendo uso de se gran habilidad para amoldarse a las circunstancias. Después de cinco minutos de sonoros chillidos y descalificaciones, la vecina parece reaccionar, y baja el volumen de la voz atendiendo las explicaciones de la hija y llegando a un eventual acuerdo, del que esta, no se fía demasiado.
Tercer acto:
Pasadas dos horas de la agradable conversación mantenida entre las dos mujeres, la vecina llama al timbre de la puerta, y la hija la recibe. Un cambio claramente perceptible en el tono, volumen y contenido de las palabras de la vecina, llevan a un compromiso de esta para abonar sus facturas y mensualidades pendientes, concretando fecha para el día siguiente.
Acto final:
Al siguiente día, el administrador comprueba que la vecina del 1º ha abonado todas las cuentas pendientes con la comunidad. Felicita a su hija por la buena resolución del conflicto, sin preguntar como consiguió que razonara tan ruda mujer. La hija se limitó a decirle que con la vecina del 1º, desde ahora, trataría ella.
- El administrador: Hombre de avanzada edad, con gran paciencia y dotado de un indudable don de gentes, amigo del diálogo, que no escatima esfuerzos a la hora de llegar a acuerdos positivos para todos.
-La hija: Mujer de mediana edad y carácter tranquilo, con gran capacidad para amoldarse a las circunstancias.
-La vecina: Mujer madura y ruda, con escasa capacidad para el diálogo y un rico vocabulario soez, que no duda en emplear en todo momento.
Prólogo:
Años de ardua labor, en las que el administrador hace funciones de presidente conciliador de la pequeña comunidad de vecinos, llevan a un estado de frustración al paciente hombre, incapaz de hacer razonar a la vecina del 1º. Encontrándose en situaciones propias de un guión de Almodovar, cada vez que tiene que tratar con dicha vecina, su delicado corazón sufre las consecuencias.
Primer acto:
La llegada a casa de su padre al borde del colapso, pone en pie de guerra a la hija de este, que, aunque tranquila, goza de una mala leche excepcional. Decidida a acabar con el atropello al que su padre se ve sometido a causa de la viperina lengua de la vecina del 1º, pide a su progenitor que le explique el tema a tratar para hacerse cargo de él. Dudando de que lo consiga, el hombre le cuenta que se trata de una factura, de las muchas que debe la susodicha, que se tiene que abonar a los operarios que hicieron el arreglo y que esta se niega a pagar.
Segundo acto:
Factura en mano, la hija, llama a la puerta de la vecina del 1º. Como no puede ser de otra manera, esta abre haciendo gala de su inagotable verborrea y su capacidad para comunicarse mediante el grito. Sin despeinarse siquiera, la hija avanza dos pasos, se sitúa cara con cara con la acalorada vecina y comienza ha dirigirse a ella en el mismo tono y vocabulario que esta, haciendo uso de se gran habilidad para amoldarse a las circunstancias. Después de cinco minutos de sonoros chillidos y descalificaciones, la vecina parece reaccionar, y baja el volumen de la voz atendiendo las explicaciones de la hija y llegando a un eventual acuerdo, del que esta, no se fía demasiado.
Tercer acto:
Pasadas dos horas de la agradable conversación mantenida entre las dos mujeres, la vecina llama al timbre de la puerta, y la hija la recibe. Un cambio claramente perceptible en el tono, volumen y contenido de las palabras de la vecina, llevan a un compromiso de esta para abonar sus facturas y mensualidades pendientes, concretando fecha para el día siguiente.
Acto final:
Al siguiente día, el administrador comprueba que la vecina del 1º ha abonado todas las cuentas pendientes con la comunidad. Felicita a su hija por la buena resolución del conflicto, sin preguntar como consiguió que razonara tan ruda mujer. La hija se limitó a decirle que con la vecina del 1º, desde ahora, trataría ella.
miércoles, 4 de mayo de 2011
Sobrevivir en la jungla.
No sería fácil llegar, pero sentía la llamada con tanta intensidad, que preferí enfrentarme al gran reto. A la distancia que me encontraba de mi destino, no me cabía duda de que los obstáculos serían numerosos. Fui sorteándolos uno a uno hasta conseguir situarme en el camino adecuado, a rebosar de las más variadas especies animales. Ya estaba cerca y ninguna fiera o alimaña me haría retroceder. Con gran determinación llegué a mi destino, aunque aún me quedaba adentrarme en la espesura. Una oscura niebla impedía ver con claridad pero, con todos mis sentidos alerta, logré cruzar el farragoso pantano. Todavía tenía que desenvolverme en la apestosa ciénaga para concluir mi viaje de ida. Intentando respirar lo menos posible y manteniendo el equilibrio al fin logré mi cometido. Me tomé unos segundos para descansar aunque el fétido olor era repulsivo y emprendí el regreso, más aliviada al haber conseguido mi propósito. La vuelta fue menos accidentada, pues había memorizado donde se encontraban los peores obstáculos.Cuando llegué al lugar de partida, mis amigos ya se marchaban del bar. Había tardado cuarenta minutos en ir a mear.
lunes, 2 de mayo de 2011
Atrapada
Pararon a repostar en una gasolinera en mitad de la autopista y aprovecharon para tomar algo en el pequeño bar. Era ya noche cerrada y aún les quedaba un largo trecho para llegar a su destino. La familia estaba al completo, padres y tres hijos, la formaban. Cuando hicieron la pausa en el viaje, la pequeña de los hermanos dormía plácidamente y prefirió quedarse en el coche que entrar en el local.Dio dos o tres vueltas tratando de coger postura, pero nada, ya se había desvelado y por más que lo intentó no cogió de nuevo el sueño. Se quedó unos instantes mirando el techo y decidió entrar al bar.
Bajó del coche y se estiró mientras giraba sobre si misma reconociendo el terreno. Frente a ella estaba la estación de servicio y a su derecha había una caseta que parecían los lavabos. Se dirigió a ellos para mojarse la cara antes de tomar algo. Cuanto más caminaba más lejanos parecían. Al llegar hasta ellos tenía la impresión de haber caminado mucho tiempo y se volvió a mirar la distancia que había recorrido, que parecía más corta. Le pareció extraño, pero como se acababa de despertar no le dio más importancia, y lo achacó a su cansancio.
Había dos puertas, ninguna tenía cartel y optó por entrar en la de la izquierda. Estaba oscuro y la luz del exterior no dejaba ver con claridad. Revisaba la pared buscando el interruptor, cuando las luces se encendieron solas. Era una sala alargada en la que sólo se veía una puerta al fondo, ni espejos, ni lavabo. Se apresuró a entrar por ella, pues con el frío de la noche le habían entrado ganas de orinar. Al traspasarla, esta se cerró tras ella. Otro espacio tan desierto como el anterior, que tan sólo contaba con una pequeña ventana, similar a un ojo de buey. Forcejeó con la puerta intentando abrirla y no fue capaz. Empezaba a inquietarse y miró por el ventanuco buscando otra manera de salir. Parecía un conducto de ventilación, pues entraba aire fresco por él, pero no veía la salida. La situación estaba acabando con su paciencia y comenzó a gritar pidiendo auxilio. Pasados veinte minutos sin respuesta, decidió meterse por el tubo e intentar salir por su cuenta.
Ya llevaba largo tiempo reptando por el interior del tubo, cuando se iluminó la estancia. Se sorprendió al ver que este era transparente y dejaba al descubierto un enorme espacio lleno del largos cilindros cristalinos, como si fuera un hormiguero gigante. No entendía donde narices se había metido, pero retroceder era complicado por la estrechez del tubo, que le obligaba a arrastrarse con dificultad. Se volteó como pudo para inspeccionar lo que había recorrido y sólo veía oscuridad, negra y fría. Sintió un tremendo pavor, pues parecía que esa oscuridad se acercaba a ella. Reptaba sin descanso con la esperanza de salir de allí.
Por el cilindro que se encontraba bajo ella, vio pasar a otra persona arrastrándose a toda velocidad y tras ella una negra sombra se deslizaba por el tubo. Volvió la mirada y entonces lo comprendió, esa oscuridad la perseguía y su miedo estaba justificado. Presa del pánico empezó a avanzar más rápido, sus pulmones al borde de la extenuación y su pulso a todo ritmo. No podía ni pensar cuando sintió un frío intenso en los pies y se dio cuenta de que la sombra la había alcanzado, mareada por la tensión los músculos se aflojaron y unas manos le tocaron la cabeza.
El movimiento y la voz familiar hizo que despertara. Abrió los ojos y se incorporó de golpe respirando a toda velocidad y con el corazón latiendo desbocado. Antes de que se diera cuenta sus hermanos se instalaron en el coche y este se puso en marcha. Era un sueño...
Se relajó y cerró de nuevo los ojos apoyando la cabeza en el cristal.
Le extrañó no sentir el movimiento del coche y al abrir los ojos de nuevo se percató de que el cristal donde apoyaba la cabeza era el del tubo donde estaba prisionera...
viernes, 29 de abril de 2011
Mascotas
Hacía días que la encontraba
extraña, al regresar del colegio, se encerraba en su habitación. Cuando le preguntaba, su respuesta era siempre la misma, "no me pasa nada", pero yo sabía que algo ocurría.
Pensé que estaría pasando por las cosas típicas de su edad, una riña de amigas, le gustaría algún chico, problemas existenciales...
Me dolía un poco que ya no confiara en mi como antes, pero necesitaba su espacio y yo lo entendía.
Pasada una semana, una tarde la oí hablar en su habitación y acto seguido salir corriendo a la cocina y volver a entrar con mucha prisa. Piqué a la puerta y pregunté si todo iba bien, "si mamá"me contestó bastante agitada al abrir la puerta, y un fuerte olor a humo salió de la habitación.¿Estas fumando? "no". Huele a tabaco, no me mientas hija, confía en mi. Sus ojos pusieron una expresión de tristeza que, por supuesto, me conmovió. Cuéntame, insistí acercándome.
Prométeme que me dejarás quedarme con él, dijo con vocecilla cameladora, ¡por favor!
Acercó su mano y me enseñó un pequeño dragón de nariz humeante. ¡Por favor mamá, le cuidaré muy bien!¡Porfa!
extraña, al regresar del colegio, se encerraba en su habitación. Cuando le preguntaba, su respuesta era siempre la misma, "no me pasa nada", pero yo sabía que algo ocurría.
Pensé que estaría pasando por las cosas típicas de su edad, una riña de amigas, le gustaría algún chico, problemas existenciales...
Me dolía un poco que ya no confiara en mi como antes, pero necesitaba su espacio y yo lo entendía.
Pasada una semana, una tarde la oí hablar en su habitación y acto seguido salir corriendo a la cocina y volver a entrar con mucha prisa. Piqué a la puerta y pregunté si todo iba bien, "si mamá"me contestó bastante agitada al abrir la puerta, y un fuerte olor a humo salió de la habitación.¿Estas fumando? "no". Huele a tabaco, no me mientas hija, confía en mi. Sus ojos pusieron una expresión de tristeza que, por supuesto, me conmovió. Cuéntame, insistí acercándome.
Prométeme que me dejarás quedarme con él, dijo con vocecilla cameladora, ¡por favor!
Acercó su mano y me enseñó un pequeño dragón de nariz humeante. ¡Por favor mamá, le cuidaré muy bien!¡Porfa!
jueves, 28 de abril de 2011
Interacción
El estallido interior que sentían cuando se miraban,
el palpitar acelerado,
el cosquilleo en el estómago.
Notaban la presión en el pecho y el erizar de su vello,
la pasión que hacía arder sus cuerpos
y llenaba de imágenes
y sensaciones los cerebros.
Nunca le pusieron nombre y jamás supieron el significado de la palabra IMPOSIBLE.
miércoles, 27 de abril de 2011
Liando el ovillo
Era un ovillo de dimensiones muy normales, eso sí, los retorcidos hilos que lo formaban le hacían especial, tanto, como a cualquier ovillo.
Muchos cabos componían el intrincado hilo, todos del mismo color. Débiles por separado, entre todos formaban un fuerte bramante.

No les gustó el conjunto y queriendo acabar con la redonda bola que formaba la madeja, cada uno cogió un cabo y tiró de él. Al principio al unísono, poco a poco, iban deshaciendo la bobina. Empezaron los líos y ya no podían seguir todos a una, forcejearon y discutieron, pero ninguno quería soltar el cabo, por lo que continuaron achicando el ovillo. Con el paso del tiempo los hilos enredaron a los sujetos que se aferraban a ellos, formando una intrincada maraña que los terminó atrapando.
El cadejo, visiblemente más pequeño, todavía conservaba su esférica forma y haciendo un último esfuerzo rompió los cabos justo donde se unían al menguado ovillo. Libre, no dudó en alejarse del embrollo, que al intentar devanar su hilo, apresó a los "liantes".
Muchos cabos componían el intrincado hilo, todos del mismo color. Débiles por separado, entre todos formaban un fuerte bramante.

No les gustó el conjunto y queriendo acabar con la redonda bola que formaba la madeja, cada uno cogió un cabo y tiró de él. Al principio al unísono, poco a poco, iban deshaciendo la bobina. Empezaron los líos y ya no podían seguir todos a una, forcejearon y discutieron, pero ninguno quería soltar el cabo, por lo que continuaron achicando el ovillo. Con el paso del tiempo los hilos enredaron a los sujetos que se aferraban a ellos, formando una intrincada maraña que los terminó atrapando.
El cadejo, visiblemente más pequeño, todavía conservaba su esférica forma y haciendo un último esfuerzo rompió los cabos justo donde se unían al menguado ovillo. Libre, no dudó en alejarse del embrollo, que al intentar devanar su hilo, apresó a los "liantes".
martes, 26 de abril de 2011
Esclavas
¿Por qué no nos gustamos?Nuestro aspecto físico,
una losa a la espalda.
Nos empeñamos en ser
muñecas perfectas, en
aparecer ante los demás
radiantes, fiándonos de
estereotipos creados por
modas y retocados con
ordenadores, creyendo
en milagrosas cremas y
gastando un dineral en
ocultar defectos
y maquillar la verdad.
Una distorsión que no
nos deja disfrutar de la belleza de nuestros cuerpos, de las imperfecciones que nos
hacen únicas y que para
nada implican fealdad.
Nos dejamos engañar
por una industria que sólo tiene como objetivo ganar dinero, haciéndonos esclavas de
nuestra vanidad y, en algunos casos, llevando la obsesión a límites peligrosos.
lunes, 25 de abril de 2011
El tren de la vida
Representando mi papel, el que supuestamente elegí
del baúl de las opciones que tenía,
me pregunto si será el acertado, el indicado para mi.
Si el vagón del tren de esta sociedad,
en la que las normas están tan establecidas y acatadas,
terminará descarrilando cuando decida
que no quiero llegar a la estación con el resto de vagones.
miércoles, 20 de abril de 2011
lunes, 18 de abril de 2011
Humo
Se despertó a causa del olor y vio que entraba humo por debajo de la puerta. No intentó abrirla pensando que el oxígeno del cuarto podría avivar las llamas y decidió salir por la ventana. A pesar de que vivía en un segundo piso, el patio al que daba la ventana estaba cubierto con una uralita que techaba el local del bajo, y la altura no era demasiado grande. Aún así, tenía que tener cuidado de no caer a plomo en el débil material. Se descolgó primero de los brazos para que el espacio hasta el techo fuera lo más corto posible y se dejó caer intentando aterrizar sobre una de las vigas. No se rompió.
Cuando se incorporó, miró hacia la ventana por la que había salido y vio como el humo se escapaba sin control.
En ese momento, el entorno empezó a oscilar.
Sintió la vibración en sus pies, el patio giraba a su alrededor, la ventana se alejaba a toda velocidad y el edificio entero se alargaba hacia el cielo. Lo que antes era un segundo piso, llegó a la altura de un séptimo y la uralita que había bajo sus pies se desvaneció. Un escalofrío le recorrió el cuerpo.
De pronto, la agitación cesó.
Se dio cuenta de que todo era diferente, el techo en el que antes había aterrizado, era un patio de cemento lleno de plantas. Una pequeña mesa y un cenador completaban el desconcertante cambio. La antes cercana ventana se alzaba a una altura tremenda, mientras el humo, seguía saliendo sin parar. Cuando se acercó a la pared, rebosante de enredaderas y flores, dispuesta a trepar por el grueso tronco de una parra, se dio cuenta de lo diferentes que eran sus manos. Huesudas y llenas de manchas, no parecían las mismas. Se tocó la cara en un acto reflejo y sintió las marcadas arrugas que se dibujaban en ella, trasformando su rostro. Había envejecido tremendamente.
Oyó un ruido el lo alto y vio el cuerpo de una joven colgando del alfeizar de la ventana por donde salía el humo. La distancia era grande y su vista estaba deteriorada, pero distinguió aquella cara menuda que miraba hacia abajo calculando la caída.
Era ella, instantes antes de saltar al patio.
Cuando se incorporó, miró hacia la ventana por la que había salido y vio como el humo se escapaba sin control.
En ese momento, el entorno empezó a oscilar.
Sintió la vibración en sus pies, el patio giraba a su alrededor, la ventana se alejaba a toda velocidad y el edificio entero se alargaba hacia el cielo. Lo que antes era un segundo piso, llegó a la altura de un séptimo y la uralita que había bajo sus pies se desvaneció. Un escalofrío le recorrió el cuerpo.
De pronto, la agitación cesó.
Se dio cuenta de que todo era diferente, el techo en el que antes había aterrizado, era un patio de cemento lleno de plantas. Una pequeña mesa y un cenador completaban el desconcertante cambio. La antes cercana ventana se alzaba a una altura tremenda, mientras el humo, seguía saliendo sin parar. Cuando se acercó a la pared, rebosante de enredaderas y flores, dispuesta a trepar por el grueso tronco de una parra, se dio cuenta de lo diferentes que eran sus manos. Huesudas y llenas de manchas, no parecían las mismas. Se tocó la cara en un acto reflejo y sintió las marcadas arrugas que se dibujaban en ella, trasformando su rostro. Había envejecido tremendamente.
Oyó un ruido el lo alto y vio el cuerpo de una joven colgando del alfeizar de la ventana por donde salía el humo. La distancia era grande y su vista estaba deteriorada, pero distinguió aquella cara menuda que miraba hacia abajo calculando la caída.
Era ella, instantes antes de saltar al patio.
jueves, 14 de abril de 2011
Reunión de madres
Reunión de padres en el colegio, que tendríamos que llamar de madres pues rara vez algún padre aparece por allí. Como no, estamos las catorce de siempre de los veinticuatro que deberíamos acudir. En estos encuentros de madres y tutora, debatimos temas importantes de la educación de nuestros hijos, como la fiesta de navidad o los disfraces de carnaval. Otros asuntos menos transcendentales no suponen más que unos minutos en alguna que otra ocasión, el temario del curso o el sistema educativo, carecen de importancia cuando aún está en el aire la obra de este año. Y en este distendido ambiente, decidimos entre todas la mejor manera de confeccionar los trajes que el colegio nos impone. A quien le importa que el nivel de aprendizaje no sea ni mucho menos el óptimo, si nuestros retoños disfrutarán de sus galas de príncipes y princesas. Satisfechas de cumplir con nuestras responsabilidades, quedamos para la próxima cita, la fiesta de fin de curso.
miércoles, 13 de abril de 2011
Olaf el vikingo
Le oímos llegar desde lejos maldiciendo a gritos en alemán, en el silencio del amanecer sus voces parecían truenos. Agitando un palo y con un visible enfado llegó hasta nosotras. Eramos las únicas que estábamos despiertas a esa hora, en aquella playa repleta de tiendas y cuerpos tumbados. Cuando se plantó a nuestro lado, con sus casi dos metros de altura, las ropas ajadas y la larga melena pelirroja chillando a todo pulmón un inteligible castellano, nos pareció "Olaf" el vikingo.
¡¡¡Perro no dormerr a ladrrarr a me desprrtrrar en pedrra mia tirras!!!
¡¡¡Tu palarr perra tu räudiger Hund!!!
Con la boca abierta nos miramos una a la otra. Al estar sentadas nos sentíamos aún más pequeñas ante la mole de músculos que nos soltaba frases imposibles de descifrar y lo único que fuimos capaces de entender era que nos hablaba de un perro. Me levanté y le pedí calma abriendo mi mano y haciendo gestos,
No -te-en-ten-de-mos, cal-ma-te... Le dije muy despacio.
Sin dejar de fruncir el ceño, bajó el volumen de la voz y empezó ha hablar despacio también.
¡Pe-rro tu no mi de-ja darr-mirr ladrrarr, ladrrarr!
Ahora lo había entendido claramente.
Impaciente, empezó de nuevo a levantar la voz.
¡¡¡Yo tirrarr pedrra perra tu no mi dorrmirr!!! Volvió a vocear agitando el palo por encima de su cabeza.
Fijó la mirada gritando ¡¡¡Esse perra tu¡¡¡
Me giré y, como no, era el perro con el que íbamos, al que por tercera vez tenía que sacar de un lío en la semana que llevábamos allí. Mientras, su dueño dormía plácidamente en la tienda.
No- es- mio- y- no -me -ha-ce- ca-so, le dije bastante nerviosa.
Enfurecido empezó a caminar hacia el can, que le miraba con el rabo entre las piernas.
¿Pero que vas ha hacer?!! Paraa¡¡ Chillé para que me hiciera caso.
Se paró, me miró y gruñendo otra vez en alemán se encaminó directo a mí. ¡¡Ich werde lhren Hund zu schlagen weil es mich wach hält!!!
Joder, vaya lío, Yo- si- co-noz-co- pe-rro- tu- no- pe-gar solté como si fuera un indio yo -coger- perro- y -ya- no- molestar -más, tu- poder- dormir rematé para que lo comprendiera, mientras el corazón me latía desbocado.
¿Perra dejarr dorrmerr? Preguntó más calmado.
Si, si -tran-qui-lo, ve-te a dor-mir, repetí.
Tiró el palo con furia y miró de nuevo al pobre perro que seguía totalmente acojonado, pegado a la tienda del dueño.
Hund tu pala no dejerr schlafen... refunfuñaba mientras se marchaba.
En ese momento se me aflojaron las piernas y me dejé caer sentada en la arena junto a mi compañera, soltando una carcajada, más por nervios que por otra cosa. Miramos a nuestro alrededor y nos dimos cuenta que nadie se había inmutado con todo el griterío.
Al instante, cuando la figura de Olaf ya no se veía, salió de la tienda el dueño del perro, preguntando que era aquel follón.
¡¡Joder...a buenas horas!! Le ladré.
Y yo, que soy bien pensada, ni siquiera me planteé que se había quedado esperando en la tienda hasta que pasara la tormenta, para no tener que enfrentarse al vikingo.
¡¡¡Perro no dormerr a ladrrarr a me desprrtrrar en pedrra mia tirras!!!
¡¡¡Tu palarr perra tu räudiger Hund!!!
Con la boca abierta nos miramos una a la otra. Al estar sentadas nos sentíamos aún más pequeñas ante la mole de músculos que nos soltaba frases imposibles de descifrar y lo único que fuimos capaces de entender era que nos hablaba de un perro. Me levanté y le pedí calma abriendo mi mano y haciendo gestos,
No -te-en-ten-de-mos, cal-ma-te... Le dije muy despacio.
Sin dejar de fruncir el ceño, bajó el volumen de la voz y empezó ha hablar despacio también.
¡Pe-rro tu no mi de-ja darr-mirr ladrrarr, ladrrarr!
Ahora lo había entendido claramente.
Impaciente, empezó de nuevo a levantar la voz.
¡¡¡Yo tirrarr pedrra perra tu no mi dorrmirr!!! Volvió a vocear agitando el palo por encima de su cabeza.
Fijó la mirada gritando ¡¡¡Esse perra tu¡¡¡
Me giré y, como no, era el perro con el que íbamos, al que por tercera vez tenía que sacar de un lío en la semana que llevábamos allí. Mientras, su dueño dormía plácidamente en la tienda.
No- es- mio- y- no -me -ha-ce- ca-so, le dije bastante nerviosa.
Enfurecido empezó a caminar hacia el can, que le miraba con el rabo entre las piernas.
¿Pero que vas ha hacer?!! Paraa¡¡ Chillé para que me hiciera caso.
Se paró, me miró y gruñendo otra vez en alemán se encaminó directo a mí. ¡¡Ich werde lhren Hund zu schlagen weil es mich wach hält!!!
Joder, vaya lío, Yo- si- co-noz-co- pe-rro- tu- no- pe-gar solté como si fuera un indio yo -coger- perro- y -ya- no- molestar -más, tu- poder- dormir rematé para que lo comprendiera, mientras el corazón me latía desbocado.
¿Perra dejarr dorrmerr? Preguntó más calmado.
Si, si -tran-qui-lo, ve-te a dor-mir, repetí.
Tiró el palo con furia y miró de nuevo al pobre perro que seguía totalmente acojonado, pegado a la tienda del dueño.
Hund tu pala no dejerr schlafen... refunfuñaba mientras se marchaba.
En ese momento se me aflojaron las piernas y me dejé caer sentada en la arena junto a mi compañera, soltando una carcajada, más por nervios que por otra cosa. Miramos a nuestro alrededor y nos dimos cuenta que nadie se había inmutado con todo el griterío.
Al instante, cuando la figura de Olaf ya no se veía, salió de la tienda el dueño del perro, preguntando que era aquel follón.
¡¡Joder...a buenas horas!! Le ladré.
Y yo, que soy bien pensada, ni siquiera me planteé que se había quedado esperando en la tienda hasta que pasara la tormenta, para no tener que enfrentarse al vikingo.
martes, 12 de abril de 2011
Única
Hija única, sobrina única, nieta única. Dos padres, cuatro abuelos, ocho tíos. Parientes cercanos y lejanos, amigos, vecinos. Ella...única.
Cinco años de reinado, princesa absoluta de la familia y centro de todas las miradas. Cumpleaños, santos, reyes, detalles esporádicos, souvenires, centenares de regalos acumulándose en su pequeña habitación.
Nunca pedía nada, jamás se encaprichó ante un escaparate o por el juguete de otro niño. Cuando le preguntaban, si le daban a elegir, siempre escogía un libro.
La reforma se su habitación desveló la tremenda barbaridad: 213 peluches, entre grandes y pequeños, 2 cajas medianas de pequeños muñecos, pelotas de goma, pegatinas..., 43 juegos de mesa, docenas de cajitas repletas de collares, pulseras, broches, anillos, horquillas, más de 300 libros, cuentos, revistas, recortables...figurillas de adorno, cuadros, fotos, huchas, pinturas, cuadernos, maquinitas de juegos, bolsos, carteras... Una gran aberración
La decisión estaba clara. Después de la reforma, volvieron 10 peluches, una caja de zapatos como único contenedor de pequeños juguetes y una estricta selección de sus demás pertenencias. Lo único que continuó casi intacto, fue la colección de libros, aunque también sufrió una criba.
Cuando regresó de sus vacaciones, se encontró con la renovada habitación, otro color en las paredes, muebles diferentes, una nueva cama...Sus ojos se clavaron en el gran escritorio lleno a rebosar de libros, repasando sus lomos con curiosidad. Estoy segura que notó la falta de alguno, pero no dijo nada. Examinó el resto del cuarto dando muestras de su alegría, estaba encantada con su nuevo dormitorio.
Se sentó en la cama y abrazó a su peluche,un pequeño tigre que la acompañaba a todas partes.
En realidad, lo que más necesitaba era espacio.
Cinco años de reinado, princesa absoluta de la familia y centro de todas las miradas. Cumpleaños, santos, reyes, detalles esporádicos, souvenires, centenares de regalos acumulándose en su pequeña habitación.
Nunca pedía nada, jamás se encaprichó ante un escaparate o por el juguete de otro niño. Cuando le preguntaban, si le daban a elegir, siempre escogía un libro.
La reforma se su habitación desveló la tremenda barbaridad: 213 peluches, entre grandes y pequeños, 2 cajas medianas de pequeños muñecos, pelotas de goma, pegatinas..., 43 juegos de mesa, docenas de cajitas repletas de collares, pulseras, broches, anillos, horquillas, más de 300 libros, cuentos, revistas, recortables...figurillas de adorno, cuadros, fotos, huchas, pinturas, cuadernos, maquinitas de juegos, bolsos, carteras... Una gran aberración
La decisión estaba clara. Después de la reforma, volvieron 10 peluches, una caja de zapatos como único contenedor de pequeños juguetes y una estricta selección de sus demás pertenencias. Lo único que continuó casi intacto, fue la colección de libros, aunque también sufrió una criba.
Cuando regresó de sus vacaciones, se encontró con la renovada habitación, otro color en las paredes, muebles diferentes, una nueva cama...Sus ojos se clavaron en el gran escritorio lleno a rebosar de libros, repasando sus lomos con curiosidad. Estoy segura que notó la falta de alguno, pero no dijo nada. Examinó el resto del cuarto dando muestras de su alegría, estaba encantada con su nuevo dormitorio.
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| DIBUJO A PASTEL DE JOPLIN |
En realidad, lo que más necesitaba era espacio.
lunes, 11 de abril de 2011
Transformación
Es una mujer tranquila, con un buen sentido del humor, de carácter intachable y maneras exquisitas. Sabe amoldarse perfectamente a las circunstancias y posee un indudable don de gentes. Hábil y culta, está dotada, sin ninguna duda, de una gran inteligencia. Oradora en conferencias, licenciada en leyes y profesora de psicología, cultiva con afán su pasión por la filosofía. Domina el arte del taichi y practica yoga a diario. Madre paciente, esposa perfecta, incondicional amiga y mejor hija. Sus colegas de trabajo elogian su compañerismo y hasta sus alumnos la adoran. Sonriente y agradable saca tiempo de la nada para ayudar a los necesitados, voluntaria en asociaciones, presidenta por unanimidad de su comunidad, defensora de los derechos de los más débiles y ecologista convencida, es el pilar de su familia.Todavía no logra entender que es lo que le pasa cuando se pone al volante del coche.
jueves, 7 de abril de 2011
Testaruda paranoia
Suelto el testigo
Gabriela me pasa este formulario y yo, que no quiero ser descortés, lo contesto. Lleva tiempo saltando de blog en blog y lo que le quedará... Por mi parte suelto el testigo, si alguien lo quiere recoger aquí está. Espero no ofender a nadie.
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